UN COMA QUE HA
DURADO 19 INCONTABLES INSTANTES
Ya siendo mayor, mediana edad y
un poco más, despidiéndose de todos los suyos, desde las profundidades del coma,
agradeciéndole a Dios por las personas y el amor que le había brindado la vida,
vegetando mientras repasa sus décadas consciente, sus momentos felices, los
tristes y los miserables, talvez al cabo de las horas de divagar por los
laberintos de su existencia, confirmaría que ni mucho amor, ni tanta felicidad,
y sí más pobreza y desgracias; es mejor no agradecer nada y tratar de regresar
para arreglar las cosas y hacerlo mejor… así estuvo 19 años y 19 meses con 19
semanas y 19 días, con sus 19 horas de 19 minutos y 19 segundos…
Siendo muy joven encontró que lo
suyo era trabajar, ganar dinero, ayudar a su bullosa y disfuncional familia, y
luego tener la propia, una vez los viejos estuvieran bien; nunca lo estuvieron,
realmente fueron más irresponsables, vagos y sin oportunidades de jóvenes, para
ya viejos darse por vencidos; los tuvo, mantuvo y consintió como buen hijo hasta
ese momento. Por ser un mestizo fortachón, feote, de facciones bruscas y
caminar amenazante, no le fue difícil desvirgar sus emociones con las viejas
solteras, viudas y malportadas del barrio y de las empresas donde ganó las
primeras monedas. A la única novia que quiso, apenas le tocó una teta en el
parque municipal, en una tarde recreativa del colegio, acto seguido, él con el
pantalón a reventar y ella con los calzones húmedos corrieron en sentido
contrario y sin hablarse más durante el resto de semana; al final, como todos
sus finales, ella terminó por aceptar los galanteos del hijo de un piloto, huyó
con él, se embarazó y crio la cría más sola que él. Desde esos días guardaba
una ilusión que cada 19 sueños regresaba
En la universidad mostró cierta inteligencia
básica y sentido común para lograr graduarse, muy mediocremente, tal cual fue
su desempeño profesional mientras se refundió en oficinas y empresas lúgubres,
tristes y poco sorprendentes, hasta que abandonó esa mierda de profesión y esos
horribles lugares en los que no alcanzaba a llegar a la siguiente quincena. Verdad,
estaba en la universidad, recapacitó en sus penumbras y regresó. Seguía en ese
coma interminable, allí se vio con su primera novia de la U, la muy hippy
sicodélica que lo abandonó porque él no fumaba marihuana antes y después de
revolcarse y tampoco le gustaban esos revolcones rápidos en los parque con
laguna y eucaliptos que tanto le
gustaban a ella; ella, la muy indigna, terminó por irse con un chino de familia
bien , aunque bien viciosito también el malparido; él prefería para culiar los
moteles de la Caracas con 59, cerca de los bares de Chapinero, así se quedara sin lo de los
transportes en la semana siguiente.
A esos moteles fue con otras, una
de ellas blanca como las nubes y de bosques espesos, formas sinuosas y
precipicios traicioneros por las repentinas caídas que ofrecía de tramo en
tramo. ¡Qué mujer, qué garganta! Y qué lunares en la espalda… la nube al viento
voló con un huracán de su empresa, mayor el hombre del trueno, que su hogar abandonó, pero después de años de
idilio herrumbroso y amor aburrido con la nube, en una playa vacía fue
alcanzado por un rayo y murió; la nube
de regreso de Santa Marta a Bogotá, ya lesbiana entrada en años y más bien poco
divertida, se dejó morir de pena moral por dos amores juveniles que nunca
conocieron la dicha; muchos hijos solos en el camino quedaron… y muchos polvos
desperdiciados el viento se los llevó
Entrando a su edad adulta,
recordaba en esos interminables 19 semestres con sus 19 trimestres de coma inducido,
(inducido por una vieja hijueputa de la empresa, mayor ella que le gustaba
invitar a borracheras a los jóvenes de la empresa los viernes, a hacerles
gastar la platica, dañarles los matrimonios y fastidiarles las carreras, pues
si estaba en coma fue por salir a toda mierda en el carro sin cinturón de
seguridad y llantas lisas, de una de esas borracheras que se dio contra el
mundo en ese puente de la Cali con Soacha) recordó al amor de esa edad madura y
prometedora, una negra bajita, de joropo salido y ojos verdes chiquitos, que 19
lustros después con sus 19 navidades y semanas santas juntas, 19 peleas tuvieron,
él por no casarse y ella por no tener hijos, hasta que otro jefe malevo,
envidioso, después de 19 reuniones de trabajo y 19 comisiones logró
convencerla, matrimonio con hijos alcanzaron y una vida eternamente desgraciada
y necesitada de todo, pero estable tuvieron…
Desde que dejó de estudiar, nunca
volvió a leer o tal vez nunca leyó, se volvió muy bruto, día tras día, mientras
el mundo avanzaba él se llenaba de más anarquía y soberbia, así es que los
pobres e iletrados se defienden de los ricos ilustrados, pensaba, ah… y
echándoles la culpa, para eso está la iglesia y la biblia los domingos, para
odiar y envidiar toda la semana y pedir perdón el domingo a las 19 am o a las 19
pm.
Estando en esos desvaríos, recordó
a su mujer actual, la 19, con esa sí sería la felicidad, fue lo que pensó
cuando le propuso matrimonio y las siguientes 19 veces que se separaron y
volvieron, la quería tanto, pero nunca como ella a sus otros amores, no
alcanzaba para cubrir y superar ese otro amor, en fin, sabía que ese amor mal
correspondido, inmaduro, impasible e inentendible le quemaría las entrañas a su
regreso, si lo había, vomitaría el alma en pena y errante que llevan todos los
seres vivos en su andar por este mundo; él ya lo veía, todos duermen con un
alma muerta y deambulante que destruida va a diario por la vida oscureciendo y oxidándolo
todo a su paso.
En fin, si regresaba le
propondría la felicidad completa, la lealtad y fidelidad del impotente, la
entrega total de sus energías y el resto de sus días, pero, y lo sabía, esa
flor ya estaba rota para él y ella misma rayada con su propia locura, y hasta
algo tuerta se estaba quedando. Tal vez ya ninguno de los dos tenía esperanzas para
los próximos 19 años. Habían comenzado a odiarse con profundo amor y deseos
incontenibles del otro, siempre esperando a que la lámpara mágica prendiera
esas pasiones profundas privadas y resolviera todas las necesidades de la
nevera y los 19 recibos quincenales que debían pagar. Al final, sus lagrimas y
humedades pegajosas del cuerpo ya no se sentían calientes y las palabras se deshacían
en frases y promesas desbaratadas.
Ya viejo encontró una doncella,
lampiña hasta bien atrás del culo, tan inmadura como tocada, de dineros fáciles
y rápidos, andar salsero y ojos consumidos por arcos grises oscuros llenos de
noches interminables de vicio y llanto desconsolado pues venía de un hogar con
padre depravado, mamá viciosa y prostituta del bronx y hermanos esquizofrénicos;
ella le dio a entender que él era importante, sabio y muy guapo, ni lo uno, ni
lo otro, ni nada de eso tampoco. Ella por un trabajo de plata más fácil que la
anterior, lo abandonó, se fue, adquirió ansiedad y depresión, se cortó las
venas, se jartó un tubo de pastillas y de todas se salvó, abandonó el negocio,
se fue para Europa; no sin que antes él le dijera: “tienes 19 y quieres llegar a saber lo que yo sé, pues te
falta leer 519 libros, tener 1019 borracheras y ser engañado por 119 amores,
para que se me acerque un poco”, ella quedó sorprendida, qué tipo con tanta
vida, pero eso era mentira, esa había sido la vida de su jefe que se pilló en
una conversación ajena que escuchó a 19 metros de luz tenue.
Y aquí, terminando la primera parte
de sus 19 comas inducidos, se dio cuenta, fue consciente en su penumbra vaga,
en su andar solitario por su vida amorosa, que no había nada que agradecer, que
eso de dar gracias a Dios por todo el amor y las personas que le dio la vida es
pura mierda de cumpleaños y funerales, nunca hubo amor y él mismo no hizo las
cosas bien. Necesitaba regresar a corregirlo todo, pero el mundo no daba espera,
pues nos faltaban 19 pandemias, 19 guerras, 19 enfermedades y 19 abandonos.