sábado, 24 de noviembre de 2018

CAMBIO DE MANDO


CAMBIO GENERACIONAL: EL DOLOR DE CABEZA DE LAS FAMILIAS Y ORGANIZACIONES ACTUALES
Como un tema complementario al anterior sobre las generaciones actual y Millennials, entendiendo que para los que vienen es un reto, para los que se van una enorme preocupación y para los que están en la mitad un trauma serio, se hace necesario hacer una revisión a la condición humana en la aceptación sí o no y al fracaso o éxito de entregar las organizaciones y el liderazgo a los nuevos actores en el escenario de las decisiones, la definición de los nuevos parámetros de vida y el inminente cambio cultural así como en  la forma de entender, manejar y moverse en el mundo  que se está consolidando desde estos días.
Organizaciones políticas, económicas, sociales, empresariales, altruistas, medio ambientalistas, religiosas y todo tipo de asociación humana hasta la más básica o nuclear que es la familia, están enfrentando desde finales del siglo pasado  la dinámica exigente, abrumadora y riesgosa de entregar el mando y con ello la oportunidad de permanecer, cambiar o sucumbir a las nuevas generaciones, casi siempre sin éxito pero  siempre con afectación significativa a las estructuras mismas de la sociedad.
Y no es para menos, sobre todo en algunos sectores, en algunas profesiones, en algunas disciplinas y hasta creencias se ha pretendido que los padres heredan a sus hijos no solo sus bienes, sino que también sus posesiones y posiciones, sus bastones de mando y hasta pretenden entregar sus gestas, imagen y liderazgo ante los suyos como si esto fuera cuestión de voluntad de unos y aceptación gratuita de los otros; nada más mentiroso y cursi que esta práctica generalizada y poco efectiva. De dónde se concluye o  evidencia que tener la misma profesión, oficio, apellido, linaje, principios u otro tipo de condición hace que los herederos al trono o mando o ubicación prevalente sean tan brillantes como sus antecesores? Ridículo y peligroso, lleno de ejemplos diarios  en los que vemos como empresas, ideas, manifestaciones artísticas, religiones y hasta países han caído  víctimas de los malos manejos, torpes actuares y pobres inteligencias de los llamados a reemplazar. No por ser hijo del mejor cirujano, pintor, cantante, gobernante  o empresario te hace tan o más brillante que el iniciador.
Ahora bien, alguien tiene que ocupar esa silla, alguien debe liderar, y es allí donde está el secreto del éxito; cuando las cosas se hacen bien que es hacerlas con sentido común, paciencia y práctica es cuando los cambios comienzan a tener sentido; lo ideal es heredar lo que se pueda legal y vivencialmente ( aquí definitivamente  no entran disciplinas y artes relacionadas con el talento ) para permitir al sucesor aplicar sus propios conceptos y dinámicas, darle el tiempo suficiente, bajo supervisión del predecesor o personas allegadas a este, entregarle la suficiente autoridad y recursos posibles para actuar pero sin  abusar u obnubilarse hasta que esté preparado y maduro para hacerlo solo y con los suyos. Siempre he recomendado en todo tipo de organizaciones, con y sin ánimo de lucro, altruistas y materialistas, políticas y sociales, que los líderes en sus posiciones de mando deben tener cerca personas que les hablen al oído con conocimientos diferentes a los suyos, que sepan más que ellos mismos o que piensen diferente además de ser capaces de llevarle la contraria y que tengan condiciones alejadas de tal forma que sus ideas y conceptos puedan ser esgrimidos sin miedo o de manera  limitada.
Quienes están entregando esas posiciones también son responsables de entender que el mundo que viene, la tecnología que nos está arrasando, las nuevas condiciones y cultura de vida, los nuevos intereses de la generación en arribo, son bien diferentes a lo que les tocó a ellos vivir y hacer, por lo tanto no es posible, no es válido, no es pertinente, no es correcto obligar a los que siguen en la lista a tener sus mismos criterios y aplicar los mismos esquemas para actuar, liderar, pensar y hasta soñar. Error y muy grave. Su obligación es enseñar la disciplina, transmitir conocimientos, heredar principios y valores, mostrar experiencias, recomendar personas y recursos, apoyar en el proceso de despegue y acompañar en los errores pero tomar distancia en los éxitos de los recién investidos.
En todo tipo de organizaciones es necesario para la nueva generación que en las posiciones claves no se dejen personas sin talento o interés, allí deben estar los más capaces y por mérito, independientemente de su apellido o el enorme amor del jefe del clan. Para colmo de males, los próximos 20 años dejarán millones de analfabetos de la cultura e inteligencia del futuro, millones de personas desubicadas del mundo moderno, torpes con las nuevas tecnologías y nuevos conocimientos, incapaces de competir con los nuevos jugadores y verdaderos problemas para la productividad del futuro. Por esta razón, quienes están entre los 40 y los 55 años deben volver a estudiar, aprender nuevas técnicas, saber otro idioma, ser flexibles con los que vienen y tomar distancia prudente de los que están en retirada o siguen en prácticas antiguas.
Por otro lado es importante resaltar que hay líderes y organizaciones bien conscientes de esta dialéctica, son prudentes y tienen planes ciertos y concretos para la transición; bien por ellos. Han resultado muchos nuevos líderes en organizaciones antiguas, grandes, pequeñas y hasta familiares muy efectivos y ganadores, totalmente disruptivos  y otros nuevos líderes en organizaciones, disciplinas, ciencias y artes con realizaciones y desarrollos realmente sorprendentes que se merecen toda nuestra admiración y respeto pues son los que van a cambiar este mundo en los siguientes 5 décadas.
Ojalá todos estos nuevos líderes, talentosos algunos, formados y forzados los otros, sean lo suficientemente responsables y estén lo suficientemente conscientes que al mundo y a las personas  hay que manejarlo y manejarlas diferente a como lo hicieron sus padres, abuelos o  los líderes de antes; no por lo que lo hayan hecho mal sino porque este mundo será  otro y los intereses y expectativas  también.
Para terminar debo manifestar que en temas artísticos es donde radica mi mayor duda, lo que mis sentidos están percibiendo no me gusta mucho, y es a aprender de eso a lo que dedicaré mis mejores años que son los próximos 30. Ya casi va siendo hora de volver a los escritos bohemios antes de que lleguen las próximas elecciones y con eso la brutalidad de las redes.

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