sábado, 19 de enero de 2019

MIS EXPERIENCIAS CON LA MUERTE. Historias contadas con respeto pero en forma literaria


YO ESTUVE DE CARA A CARA CON LA MUERTE, PERO VER COMO HOY EN DÍA A UNO LO MATAN POR QUE SÍ, POR QUE NO, PERO TAMBIÉN PORQUE TAMPOCO. NO HAY DERECHO, PAÍS DE MIERDA!
Con el debido respeto, miedo, prudencia y resignación que le tengo a la Señora Muerte contaré algunas historias en las que hemos estado cerca de ella:
Era una tarde de viernes, bogotana, de frio estúpido y sol picante, caminábamos por la parte tupida del parque, llena de árboles; buscábamos donde tirar su ruana y mi chaqueta, a qué lado poner mi bluejean y su bolso, como no perder su calzones, bonitos pero un poco infantiles; observaba esos ojos tan grandes sobre la preciosa cara y tan  verdes como mirar al cielo y encontrar hojas, volvía a mirar y encontraba esas hermosas, paradas, blancas y rebeldes tortas de arequípe con toques de chantilly; hacía el amor en mi mente con ese pedazo de cielo, se me humedecían los pensamientos mientras mis interiores ya mojados no aguantaban más la presión del joven impetuoso pero inexperto  a punto de romper las pocas costuras dignas que quedaban después de haber sufrido cientos de lavadas rebeldes y cero polvos memorables, ni de los otros.
Llegaron dos tipos… no, tres, uno grosero, bocón, con cara de sádico esquizofrénico; otro armado de cuchillo robado al abuelo carnicero y el último  un muy mal parido hijo de familia, bien vestido pero más asustado que soldado de vacaciones visitando la familia en el Caquetá o haciendo carrera en una escuela militar o policial colombiana. En fin, primer error, nos hicieron vestir para llevarnos a un lugar “más seguro”, era tan inseguro el huevón tercero, como enfermo el primero, pero nada tan inexperto como el inexperto segundo; la idea era la violación. Soledad absoluta, silencio sepulcral, lejanía incalculable y el tiempo largo y pesado como si estuviéramos en la matanza de las bananeras. A lo lejos, casi saliendo al límite de los árboles con una llanura, una vía nueva para volquetas que atendían una obra, 20 muchachos, no… tal vez 18 o 19 jugando fútbol a 200 metros, el pendejo del cuchillo se cae y suelta el arma,  el hijo de papis se arrepiente y toma camino contrario mientras el que terminó en la cárcel vuelto mierda le dice a la dama que se perdió de un hombre de verdad. Yo cojo la dama, la última vez que cogí algo de ella, de hecho la primera vez que cogimos, y a correr  como estudiante tira piedra pero ignorante de lo que está pasando y arriesgando hasta la vida misma mientras la muerte se aleja con la tarde y sin pene ni vaginas estrenados. Nos salvamos, se salvó ella y yo regresé solitario al baño de mis recuerdos.
Siendo muy niño, tal vez de 4 o 5, en una pelea de celos de un hombre mayor con su mujer (algo inexplicable en ellos) mientras observaba como el tipo perdía el control sobre sus actos y conciencia y  desenfundaba su revólver, no pude evitar que la señora se hiciera cerca de mí y entre los dos la pared de atrás recibió tres tiros a la altura de mis piernas, de mi vientre y de mi cabeza. El hombre recuperó su conciencia y sólo perdió su dignidad pues continuó con la muy dama; jamás entendí porque las cosas volvieron a su absoluta calma y regularidad y en pocas horas había comida y trago para todos los vecinos, pero a mí nadie me dio nada; viejos guevones injustos, casi me matan y no me dieron ni un ducle.
Llevaba una década en Cali cuando despidiéndome de la  bien harto novia, bella ella, tan bella que en La Tienda de Pedro, en El Rancho De Jonás, en Rancho Grande y en otras partes los borrachos de las mesas vecinas me preguntaban si ella era hermana de una Reina de Colombia de la época que se llamaba Carolina Gómez, creo, y siempre orgulloso decía que no pero que la mía era más bonita, hasta que una vez un traqueto me la quiso robar por lo que terminamos tomándonos el trago en el carro solos para evitar amenazas; en fin, me despedía de ella frente a su casa cuando un par de tipos me pusieron cada uno un revólver sobre mi cabeza, me exigieron las llaves del RENAULT 6, me quitaron el reloj BULOVA extra plano y un maletín de trabajo miel muy especial que me había regalado Doña Berthica, la mamá de todo el mundo. Ese carro sí que fue testigo de todos los posibles usos que se le daban a los carros en el AUTOCINEMA; ojalá esos hijueputas lo hayan disfrutado tanto como yo.
Estando en Roldanillo con el Compadre eterno y especial de siempre, en un baño del Club Los Gorriones, a la altura de la media noche y la tercera borrachera del día, porque con él teníamos la agraciada costumbre de beber varias veces al día y nos levantábamos para la otra como si nada, por algún lío de faldas, en la zona más roja de la época del narcotráfico, fuimos “invitados a salir del pueblo” en las siguientes 12 hora so pena de recibir cada uno un par de balazos pues no soportaban que les estuviéramos quitando sus mujeres en presencia de todos los señores bien del municipio; estuvimos tan ebrios todo el fin de semana que nos perdonaron 24 horas más la sanción y luego nos acompañaron hasta las afueras del villorrio.
Entrado este siglo, unos usuarios contratistas de la entidad pública donde ocupaba un alto cargo, me invitaron a un jugo en la Librería Nacional de la Plaza de Cayzedo y allí, sobre la mesa, depositaron dos maletines: uno lleno de dinero, varios millones, muchos millones, y en la otra una sub ametralladora UZY: La idea es que yo tomará cierta decisión y dependiendo de esa decisión recibiría el contenido de una de las maletas. Los mandé a comer mierda, me fui donde mi jefa y el Gobernador, informé de lo sucedido, y expliqué a unos y otros cómo no había necesidad de ninguna acción pues los estudios mostraban que ellos tenían la razón, pero estaban tan acostumbrados a que los funcionarios públicos los extorsionaran y ese momento era tan crítico para ellos que llegarían a las últimas consecuencias. Al final de la tarde me estaba emborrachando en el Hotel Dann con mis amenazadores y unas modelos tan lindas que parecía un pecado tocarlas o hasta chuparlas. Caray, que tentaciones tan verriondas como berriondas.
Para terminar, la muerte en su proceso natural me quitó mis abuelos que tanto amé, a mi padre quien se fue pensando que yo era inviable, vago e irresponsable y a quien dedicaré un escrito desde aquí para que lo lea allá en el que pienso explicarle que hice con mi vida y con la gente que me ha rodeado.
La muerte en su proceso injusto me quitó unos tíos adorables y una prima, promesa de la intelectualidad colombiana.
Y en su proceso irracional se llevó verdaderos talentos dejando sin padre a algunos de mis mejores amigos y sin jefe a sus colaboradores como en los casos de Hugo, Eduardo, los Lloreda, y los Patiño.
En los últimos días, la muerte, que es tan amante de los malos y después termina vengándose de ellos mismos, que es así como se portan los amantes,  se ha llevado un compañero de trabajo, un par de vecinas del sur de la ciudad donde vivo y 20 ilusos hijos de alguien, llenos de vida, esperanzas y recuerdos ya no vividos, porque parece que los buenos estamos de moda y en la mano de los criminales; así parece que  nos estamos entregando a sus infortunios por pura y simple tendencia.
Colombia donde la vida no vale nada, como dijo  el periodista odioso a la muerte de Jaime Garzón, nos unimos y decimos también… COLOMBIA PAIS DE MIERDA


3 comentarios:

  1. Ah!! la vida Bohemia nos permite tener tantas historias para narrar como experiencias por vivir.Lo que si se sabe es que la santa muerte no escoje clase,estrato,edad simplemente cumple su labor y se los llevan inclusive a veces sin aun nacer los desprende de nuestro ser; pero ese es le ciclo, unos que lo alteran otros que lo esperamos así va pasando.Buena historia

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  2. Richard
    Este es de los escritos que más me ha gustado, no sólo porque quienes hemos vivido (en mayor o menor grado, en mi caso lo segundo) este tipo de experiencias, nos relacionamos con tu relato, sino que adicionalmente me haces el honor de participar como protagonista en el relato.
    Te mando un fuerte abrazo y mis más sinceros afectos.

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    Respuestas
    1. El blog no me permite identificar las personas que me escriben comentarios, pero si tu me lo escribes muy seguramente se me ocurre otra locura... y nos seguimos poniendo en evidencia ...o por whatsapp....

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